Friday, November 30, 2007

El secreto del bosque

En medio de un bosque, en la oscuridad de su follaje, yacía contemplando las estrellas salientes del cielo. Bellas criaturas de la naturaleza deformadas por las sombras, observaban silenciosas mi presencia. Las ramas de los árboles se movían sigilosas ocultando el secreto del lugar.

La luz de la luna me permitía ver las figuras de las hojas danzar de un lado a otro. Un pasaje hecho de arbustos jaló mi atención, el camino me incitaba a recorrerlo. El viento susurraba mi nombre al mismo tiempo que hacía volar mi cabello en el vacío.

Una ráfaga de aire arrastró un olor penetrante que atrajo mis sentidos, lo seguí hasta descubrir a una planta majestuosa que me llegaba a la cadera. Tenía varios tallos delgados y en las puntas se erguían unas cabecitas con forma de concha. A la mitad de ellas había una cisura, era como una boca con delgados dientecillos. Alrededor la adornaban espinas filosas de unos diez centímetros.

Mientras la observaba embelezada por la extrañeza de sus formas, escuché un sonido suave que no interrumpió mi asombro ante la hermosa planta. De repente sentí una fuerza disfrazada de un pequeño resplandor que me hizo voltear. Había una telita blanca que envolvía a una de las cabecitas, me acerqué para saber qué era.

Pasaron unos segundos cuando sentí algo jalar mis pies. No pude sostenerme y me caí. Giré la mirada y una enredadera me estaba sujetando de los tobillos, avanzaba por las piernas con rapidez; presurosa se apoderó de mis rodillas y muslos. Quise detenerla, pero mi intención fue obstruida por otra enredadera que me ató las manos.

Quedé inmovilizada e invadida por la planta, mi rostro aún descubierto se movía al unísono que, a gritos, pedía ayuda. Pero lo único que provoqué fue despertar a las otras plantas de su letargo, fue como si el olor de su presa las guiara a un festín. Comenzaron a morderme y en eso la enredadera se contrajo. Aún así no pude moverme, mi cuerpo paralizado por el veneno, sangraba y los dientecillos de las carnívoras verdes seguían hurgando en mi carne. Ya no tenía fuerza sólo para cerrar lo ojos pidiendo que fuera una pesadilla.

3 comments:

La chica palida sin esquinas said...

Que buena imagen. Una planta que te devora en un sueño.
La otra vez soñé algo apreceido pero no era una planta sino la tierra un lugar común "trágame tierra", pero que cabrón se siente.

almartirio auditivo said...

Qué inquietatnte. Un vegetal devorando a un animal, que desea persistir.

La curiosidad mató al gato?

No, la belleza.


aplausos.


a

barb michelen said...

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